El crédito es una herramienta, no una trampa: bien usado, te ayuda a comprar hoy lo que tu sueldo aún no alcanza; mal usado, te termina usando a ti. La diferencia está en unas cuantas costumbres que puedes adoptar desde tu primer préstamo.
La más importante es conocer tu límite. Saber cuánto endeudarse es sano según lo que ganas te evita el error más común: comprometer una parte del ingreso tan grande que cualquier imprevisto te tira. La regla es simple: si una deuda te quita el sueño o te obliga a pedir otra para pagarla, ya cruzaste la línea.
Usa el crédito a tu favor, no en tu contra. Cuando quieras el panorama completo, explora el pilar de crédito y deudas.
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