Antes de atacar tus deudas necesitas verlas de frente: cuánto debes, a quién y qué tan urgente es cada una. Sin ese diagnóstico, pagar a ciegas es como tapar un hoyo mientras se abre otro.
No todas las deudas son iguales. Aprende a distinguir entre deudas buenas y deudas malas —las que te construyen algo frente a las que solo te drenan— para saber cuál soltar primero. Y si ya vas atrasado, conviene tener claro qué pasa si no pagas una deuda: las consecuencias reales, sin dramas de más ni falsa tranquilidad.
Con el panorama claro, ya puedes armar un plan que sí funcione. Cuando lo tengas, sigue explorando el pilar de crédito y deudas para elegir tu estrategia de pago.
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