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Crédito y Deudas

Crédito Infonavit: no te regalan una casa, te prestan dinero

El crédito Infonavit no es un apoyo ni un premio: es una deuda que pagas tú, descontada de tu nómina durante años. Aquí ves de dónde sale el dinero de tu subcuenta de vivienda, qué pasa con ese saldo si nunca usas el crédito, cómo funciona el sistema de puntos y qué gastos tendrás que cubrir en efectivo.

Por Sergio Brito · Actualizado el · Datos de México

Pareja joven con las llaves de su casa nueva
Foto: Pexels

Hay una frase que se repite en las pláticas de sobremesa y que cuesta muy cara: “me van a dar una casa con el Infonavit”. No te van a dar nada. Te van a prestar dinero que tú vas a devolver durante años, descontado de tu nómina antes de que lo veas. Y hay una segunda mitad de la historia que casi nadie conoce: aunque nunca uses ese crédito, el dinero acumulado a tu nombre sigue siendo tuyo.

Este artículo explica el mecanismo, no las condiciones del momento: los puntos, los montos y los requisitos los define el Infonavit y cambian.

Lo primero: es una deuda, no un beneficio

El Infonavit es un instituto que administra un fondo nacional de vivienda para trabajadores del sector privado afiliados al IMSS. Ese fondo se alimenta de aportaciones que tu patrón está obligado a hacer a tu nombre. Cuando pides un crédito, el instituto te presta dinero de ese fondo para que compres, construyas o mejores una vivienda, y la vivienda queda hipotecada mientras pagas.

Dicho de otro modo: es un crédito hipotecario con un originador distinto. Todo lo que aplica a una hipoteca bancaria aplica aquí: hay un monto prestado, hay un costo por ese dinero, hay una garantía —tu casa— y hay consecuencias si dejas de pagar.

La confusión viene de que el descuento no lo haces tú: lo hace tu patrón. Nunca ves el dinero salir de tu cuenta bancaria, así que se siente como si la casa “se pagara sola”. No se paga sola. Se paga con salario tuyo que nunca te depositan.

De dónde sale el dinero y qué pasa si nunca lo usas

Cada periodo de nómina, tu patrón aporta a tu subcuenta de vivienda un porcentaje de tu salario base de cotización que fija la ley. Esa aportación no sale de tu bolsillo de forma visible, pero forma parte del costo de tenerte contratado: es salario diferido con un destino específico.

Ese saldo hace dos cosas distintas según lo que decidas:

  • Si ejerces un crédito, el saldo acumulado se aplica normalmente como parte del pago inicial de la vivienda, y a partir de ahí las aportaciones futuras de tu patrón se van directo a amortizar tu deuda.
  • Si nunca ejerces un crédito, el saldo se queda ahí, acumulándose año con año. Cuando te pensiones, esos recursos pueden entregarse junto con lo que tienes ahorrado para el retiro.

Esa segunda parte es la que casi nadie sabe, y por eso hay gente que ejerce un crédito con prisa “para no perder lo acumulado”. No se pierde. La decisión de comprar casa tiene que sostenerse por sí sola, no por miedo a que un saldo se evapore.

Los puntos: qué son y qué los mueve

El acceso al crédito no se decide con un “sí” o un “no” a secas, sino con un sistema de puntuación. Acumulas puntos y, al llegar al umbral que el instituto tenga establecido, puedes iniciar tu trámite. No busques aquí cuántos puntos hacen falta: esa cifra la fija el Infonavit y se ha movido en distintos momentos. Lo que sí vale la pena entender es qué mueve la aguja.

Los factores que componen tu puntaje son, en términos generales:

  1. Tu edad y tu salario combinados. El sistema los pondera juntos, no por separado. Un salario más alto suma, pero también influye en qué punto de tu vida laboral estás.
  2. El tiempo que llevas cotizando. Más historial de aportaciones, más puntos.
  3. El saldo de tu subcuenta de vivienda. Entre más acumulado tengas a tu nombre, mejor.
  4. La continuidad de tus aportaciones. Un historial parejo pesa distinto a uno lleno de interrupciones. Entrar y salir del empleo formal cada pocos meses te frena.
  5. Características de tu empleo actual, como la estabilidad de la relación laboral.

De aquí sale una conclusión práctica: los puntos no se juntan de un jalón. Se acumulan quedándote en el empleo formal y cotizando parejo. Si estás a punto de cambiar de trabajo y traes el plan de comprar casa, revisa primero cómo queda tu continuidad.

Tus puntos actuales los consultas en tu cuenta personal del portal del Infonavit (Mi Cuenta Infonavit), con tu Número de Seguridad Social. Ahí mismo aparece tu saldo y tu situación. No te fíes de terceros que ofrecen “subirte los puntos”: el puntaje se calcula con tu historial real y nadie externo lo puede alterar.

Lo que tienes que entender antes de firmar

Aquí está la parte incómoda del artículo, y la más importante.

El descuento sale de tu nómina y te acompaña años. El día que firmas, tu recibo de nómina cambia para siempre —o hasta que liquides—. Ese descuento tiene prioridad y no lo negocias mes con mes: se aplica y ya. Antes de firmar, tapa con el dedo esa cantidad en tu recibo y pregúntate honestamente si puedes vivir con lo que queda. Si el ejercicio te da miedo, es información valiosa, no un capricho. Aquí te ayudamos a medirlo: cuánto endeudarse es sano.

Si te quedas sin empleo formal, el crédito no se detiene. Este es el malentendido más caro de todos. Cuando dejas de tener patrón, deja de haber quien retenga y entere el descuento, pero la deuda sigue viva y sigue generando cargos. Te toca a ti pagarla por otra vía. Existen esquemas de prórroga pensados justo para periodos de desempleo, pero no se activan solos: hay que solicitarlos ante el Infonavit, dentro de sus plazos y con sus condiciones. La diferencia entre avisar a tiempo y avisar tarde es enorme.

El saldo puede comportarse distinto según el esquema en que se contrató. A lo largo de los años ha habido distintas formas de expresar y actualizar el saldo de estos créditos, y no todas se comportan igual. Pide por escrito en qué unidad está expresado tu saldo, cómo se actualiza y qué pasa si tu salario cambia. Hay gente que lleva años pagando sin saber eso.

Los gastos que el crédito no cubre

El monto que te autorizan es para la vivienda. Los trámites para que esa vivienda quede legalmente a tu nombre son otra cosa, y salen de tu bolsa:

  • Avalúo. Una valuación formal del inmueble hecha por un perito autorizado. Sobre ese valor se define cuánto se puede prestar.
  • Escrituración y honorarios del notario. La compraventa y la hipoteca se firman ante notario y eso tiene un costo.
  • Impuestos y derechos de la operación. El impuesto local por adquirir un inmueble y los derechos de inscripción en el registro público cambian según el estado y el valor de la casa.
  • Gastos de titulación y trámites del propio instituto. Conceptos administrativos que se cobran al formalizar.

Ninguno se paga con el crédito y todos caen más o menos al mismo tiempo: es el momento de mayor presión de efectivo de toda la operación. Si estás juntando ese dinero, te sirve la guía de cómo ahorrar para el enganche, que aplica igual a este colchón.

Qué modalidades existen

El instituto ha manejado distintas modalidades a lo largo del tiempo. Sin entrar a nombres comerciales ni condiciones —que cambian—, estas son las formas en que suele ofrecerse el crédito:

  • Individual. Un solo titular, con su propio puntaje y su propia capacidad.
  • En pareja o con un familiar. Dos personas que cotizan pueden unir sus créditos y sus saldos para alcanzar un monto mayor. Aplica también entre familiares directos, no solo entre cónyuges.
  • En conjunto con un banco. Esquemas que combinan el crédito del instituto con financiamiento de una institución bancaria.
  • Según el destino: comprar vivienda nueva o usada, construir en un terreno propio, ampliar o remodelar la que ya habitas, o pagar un crédito de vivienda que ya tienes con otra institución.

Cuáles están abiertas hoy y con qué condiciones lo confirmas directo en el Infonavit: aquí sabes que las rutas existen, el instituto te dice cuál aplica a tu caso.

Infonavit, Fovissste o crédito bancario

No eliges entre los tres como quien elige entre marcas de refresco: en buena medida, tu situación laboral ya decidió por ti.

InfonavitFovisssteCrédito bancario
A quién le tocaTrabajador del sector privado afiliado al IMSSTrabajador al servicio del Estado afiliado al ISSSTECualquiera con ingresos comprobables e historial
De dónde sale el dineroFondo formado con aportaciones patronales a tu nombreFondo equivalente del sector públicoRecursos de la institución financiera
Cómo pagasDescuento aplicado vía nóminaDescuento aplicado vía nóminaDomiciliación o pago directo que haces tú
Qué pasa si pierdes el empleoSigues debiendo; hay que gestionar prórrogaSigues debiendo; hay que gestionar prórrogaSigues debiendo; se negocia con el banco
Qué revisas al compararEsquema del saldo y monto autorizadoEsquema del saldo y mecánica de asignaciónCAT, comisiones y seguros

Si calificas para más de una ruta, la comparación honesta no es “cuál es más barata” en abstracto, sino cuál te deja mejor parado en conjunto: monto alcanzable, comportamiento del saldo y qué pasa contigo si cambias de empleo. Y antes de cualquiera de las tres, revisa tu historial: te lo explicamos en qué es el Buró de Crédito.

Un ejemplo trabajado (con cifras inventadas)

Marisol trabaja en una empresa privada y quiere comprar. Todos los números que siguen son inventados para el ejercicio; no son referencias de mercado ni condiciones vigentes.

  • La casa que le gusta cuesta $980,000.
  • Su crédito autorizado, en este ejemplo, resulta de $760,000.
  • El saldo de su subcuenta de vivienda es de $95,000 y se aplica a la operación.
  • Diferencia que tiene que poner de su bolsa: 980,000 − 760,000 − 95,000 = $125,000.
  • Gastos que el crédito no cubre (avalúo, notario, escrituración, impuestos y derechos), estimados para el ejercicio en $58,000.
  • Efectivo total que necesita el día de la firma: $183,000.

Ahí está el primer golpe: Marisol llegó pensando que solo necesitaba “algo de enganche” y resulta que necesita casi el doble de lo que traía juntado.

Ahora el segundo. Supón que el descuento mensual que le quedaría, en este ejercicio, fuera de $5,600, sobre un sueldo neto de $18,000. Le quedan $12,400 para todo lo demás. Pero la casa no termina en el descuento: súmale predial, agua, mantenimiento y el seguro del inmueble, que en el ejemplo suman $1,300 al mes. Su gasto real de vivienda es de $6,900 mensuales, no de $5,600. Es la diferencia entre “sí me alcanza” y “sí me alcanza apenas”.

Con esos números en la mano, Marisol tiene tres opciones honestas: buscar una casa más barata, esperar unos meses a completar el efectivo de la firma, o revisar si en su caso conviene seguir rentando por ahora. Ninguna es un fracaso. La única mala decisión sería firmar sin haber hecho esta cuenta.

Casos por situación

  • Acabas de entrar a tu primer empleo formal. Todavía no estás en posición de ejercer, y está bien: lo útil ahora es saber que ya empezaste a acumular. Date de alta en el portal, revisa que tus datos y tu NSS estén correctos y checa una vez al año que tus aportaciones aparezcan.
  • Son pareja y quieren unir sus créditos. Existe la figura, y suele permitir alcanzar un monto mayor. Antes de emocionarse, hablen de lo que casi nadie habla: qué pasa con la casa y con la deuda si la relación se termina. Es una conversación fea de tener y carísima de no tener.
  • Ya tuviste un crédito antes. La posibilidad de ejercer otro depende de las reglas vigentes y de cómo terminó el anterior. No lo des por hecho ni por descartado: pregúntalo formalmente en el instituto con tu caso concreto.
  • Perdiste el empleo y tienes un crédito activo. Actúa esta semana, no el mes que entra. Entra a tu cuenta, revisa tu estado y solicita la prórroga que corresponda antes de acumular meses sin pago. Los atrasos también se reportan a tu historial crediticio.
  • Cotizaste unos años y dejaste el empleo formal. Tu saldo sigue ahí, quieto: no genera un crédito nuevo mientras no cotices, pero tampoco se evapora. Localiza tu NSS y revisa tu situación.

Los errores que salen caros

  • Comprar la casa que el crédito alcanza, no la que te conviene. Que te autoricen un monto no significa que debas gastarlo completo. El monto autorizado es un techo, no una recomendación.
  • No revisar el estado real de la vivienda. Un avalúo no es una inspección: paga por tu cuenta a alguien que revise humedades, instalaciones y estructura antes de firmar.
  • No revisar los adeudos que trae la vivienda. El predial atrasado, el agua y las cuotas de mantenimiento vencidas se quedan pegadas al inmueble. Pide los recibos al corriente por escrito como condición de la operación.
  • Firmar sin entender cómo se comporta el saldo. Si nadie te lo explicó en términos claros, no estás listo para firmar.
  • Vaciar todo tu ahorro en la firma. Estrenar con las cuentas en ceros convierte la primera reparación en deuda de tarjeta.
  • Creer que el descuento se detiene solo si te quedas sin trabajo. No se detiene.

Cuando terminas de pagar: liberar la hipoteca

Pagar la última mensualidad no es el final del trámite. Mientras la hipoteca siga inscrita en el registro público de la propiedad, tu casa aparece gravada aunque ya no debas nada, y eso estorba el día que quieras vender, heredar con orden o usarla como garantía.

Al liquidar tienes que pedir tu carta de liberación o el documento que acredite que el crédito quedó saldado, y con él realizar la cancelación de la hipoteca ante notario y su inscripción en el registro. Sí, cuesta dinero y sí, hay que ir. Guarda ese documento junto con tus escrituras: es el papel que cierra la historia.

Qué revisar antes de iniciar el trámite

  1. Entra a tu cuenta en el portal del instituto y verifica que tus datos personales, tu NSS y tu historial de aportaciones estén completos y correctos.
  2. Consulta tu puntaje y tu saldo ahí mismo, no en fuentes de terceros.
  3. Revisa tu historial crediticio antes de que lo revise alguien más, y corrige lo que esté mal.
  4. Calcula el efectivo total de la firma: diferencia del precio más avalúo, notario, impuestos y derechos.
  5. Simula el descuento en tu recibo de nómina y comprueba que puedes vivir con lo que queda, contando predial, servicios y mantenimiento.
  6. Pide por escrito el esquema de tu crédito: cómo se expresa el saldo, cómo se actualiza y qué pasa si cambia tu salario.

Para cerrar

El crédito Infonavit es una herramienta buena y real: para millones de personas es la única vía para tener casa propia. Pero es un crédito, no un premio. Lo pagas tú, sale de tu salario y te acompaña años. Y el saldo acumulado a tu nombre es tuyo lo uses o no, así que nunca compres con prisa por miedo a perderlo.

Haz la cuenta completa antes de firmar: el efectivo del día de la firma, el descuento mensual y el costo de sostener la casa. Y recuerda lo esencial: los puntos, los montos, las tasas y los requisitos los define el Infonavit y cambian, así que consúltalos en su portal y con su asesoría oficial antes de tomar cualquier decisión. Para seguir armando tu mapa, vuelve al hub de préstamos o a la guía completa de crédito y deudas.

Preguntas frecuentes

¿El crédito Infonavit es un apoyo del gobierno?

No. Es un crédito: te prestan dinero y tú lo devuelves, normalmente vía un descuento aplicado a tu nómina. El Infonavit administra un fondo formado con aportaciones que tu patrón hace a tu nombre, pero eso no convierte el préstamo en un regalo ni en un subsidio. La casa la pagas tú, peso por peso, durante años.

Si nunca uso mi crédito, ¿pierdo el dinero de mi subcuenta de vivienda?

No se pierde: ese saldo es tuyo. Si nunca ejerces un crédito, se queda acumulado y puede entregarse cuando te pensionas, junto con los recursos de tu retiro. El procedimiento y los requisitos los define el Infonavit y cambian con el tiempo, así que confírmalos en tu cuenta oficial y con tu AFORE antes de contar con ese dinero.

¿Cuántos puntos necesito para mi crédito Infonavit?

El número exacto lo fija el Infonavit y se ha modificado en distintos momentos, así que ninguna cifra que leas fuera de su portal es confiable. Lo que sí puedes entender es cómo se forma tu puntaje: pesan tu edad, tu salario, el tiempo que llevas cotizando, el saldo de tu subcuenta y la continuidad de tus aportaciones. Consulta tus puntos en Mi Cuenta Infonavit.

¿Qué pasa con mi crédito Infonavit si me quedo sin trabajo?

El crédito no se detiene solo. Al dejar de haber patrón, deja de haber descuento en nómina, pero la deuda sigue corriendo y tú tienes que pagarla por otra vía. Existen esquemas de prórroga para casos de desempleo, pero no son automáticos: hay que solicitarlos ante el Infonavit y cumplir sus condiciones. Avisa antes de dejar de pagar, no después.

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