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Educación Financiera

Cuánto dar de mesada a un niño (y cómo hacer que le enseñe algo)

No hay una cifra correcta de mesada. Lo que sí hay son criterios para fijarla según la edad y tu presupuesto, una frecuencia que cambia conforme crece, cuatro reglas sencillas y la decisión de ligarla o no a las tareas de la casa.

Por Sergio Brito · Actualizado el · Datos de México

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Mano de un niño con monedas y una alcancía
Foto: Pexels

¿Cuánto hay que darle de mesada a un niño? Depende de su edad, de lo que aguante el presupuesto de tu casa y de qué gastos quieres que pague él. No hay una tabla oficial. Y la cifra pesa menos de lo que parece, porque lo que le enseña es la forma: que llegue siempre el mismo día, que sea suya y que, si se la gasta en la tiendita el lunes, se quede sin dinero hasta el siguiente pago. Abajo están los criterios para fijar el monto, cada cuánto darla, qué reglas ponerle y el pleito de siempre sobre ligarla o no a las tareas.

La mesada como clase de dinero

Antes de pensar en cuánto, conviene pensar en para qué. La mesada sirve para que tu hijo practique tres cosas que va a necesitar toda la vida (decidir, esperar y aguantarse las consecuencias) en una etapa en la que equivocarse cuesta unos cuantos pesos. Si la ves como un pago, cada semana vas a preguntarte si “se la ganó”. Si la ves como una clase, la pregunta es otra: ¿qué está aprendiendo con ella?

Este artículo es una parte de la educación financiera para niños, que va mucho más allá de la mesada: el ejemplo en el súper, la alcancía, hablar de dinero en la mesa sin tabúes. Aquí me quedo sólo con la mesada y con cómo usarla sin que se vuelva un dolor de cabeza para tu quincena.

Cómo decidir el monto (criterios, no cifras)

Más útil que buscar “la cantidad que se da” es contestar cuatro preguntas sobre tu casa:

  • ¿Qué aguanta tu presupuesto? La mesada sale del gasto familiar. Tiene que ser una cantidad que puedas dar cada semana sin apretarte, porque prometer y luego fallar es lo que más daño hace.
  • ¿Qué gastos quieres que cubra? Una mesada sólo para antojos es muy distinta de una que tiene que alcanzar para el recreo, alguna salida y un poco de ahorro. Entre más cosas le toque pagar, más alto el monto, y más claro tiene que quedar qué paga él y qué pagas tú.
  • ¿Qué edad tiene? Un niño de primaria se da muy bien con cantidades chicas para decisiones chicas. Un adolescente puede manejar más dinero, porque sus decisiones también son más grandes.
  • ¿Qué se acostumbra en su entorno? Sirve como referencia, para que la mesada no quede tan baja o tan alta que deje de servir para practicar. Copiarle el monto a la familia de al lado es otra cosa.

¿Cómo sabes que le atinaste? Porque le alcanza para elegir (esto o aquello) pero no para tenerlo todo. Si siempre le sobra, nunca tiene que escoger. Si nunca le alcanza para nada, se frustra y pierde el interés.

Cada cuánto darla: la frecuencia también enseña

La frecuencia es parte de la lección, y conviene ir cambiándola con la edad:

EtapaFrecuencia sugeridaPor qué
Primaria (chicos)SemanalUna semana es un plazo que sí alcanzan a sentir y a planear
PreadolescenciaQuincenalEmpiezan a estirar el dinero en periodos más largos
AdolescenciaQuincenal o mensualEnsayo directo de cómo funcionará su sueldo de adulto

A un niño chico un mes le queda enorme; para el día 20 ya no se acuerda en qué se le fue. Con un adolescente pasa lo contrario: administrar cada quincena o cada mes lo prepara para cuando el dinero llegue de su trabajo y tenga que durar. Escojas la frecuencia que escojas, la mesada llega el día prometido y sin que tenga que pedirla. Esa puntualidad le enseña a confiar y a planear.

Cuatro reglas para que la mesada enseñe

Sin reglas, la mesada es dinero suelto. Con estas cuatro ya funciona como herramienta:

  1. Es suya, y las consecuencias también. Una vez que se la das, él decide. Tú puedes aconsejar; si se la gasta toda en la tiendita, fue su elección y de ahí sale la lección.
  2. Nada de adelantos. El famoso “préstame de la próxima” borra el aprendizaje. Tener dinero propio enseña algo precisamente porque se acaba y hay que esperar.
  3. Gastar, ahorrar y compartir. No hace falta fijar porcentajes; basta con que vea que el dinero puede ir a destinos distintos. Un reto de ahorro en versión para niños convierte el hábito en juego.
  4. Mejor con una meta. Si quiere algo que cuesta varias mesadas, hagan la cuenta juntos y marquen cuánto llevan. Ahorrar para algo concreto le enseña paciencia mejor que cualquier sermón.

¿Ligarla o no a las tareas? Los dos enfoques

Aquí es donde más discuten las familias, y hay dos caminos que se pueden defender. Conviene entender cómo piensa cada uno antes de elegir.

Enfoque 1: la mesada va aparte de las tareas. Tender la cama, recoger sus platos y poner la mesa se hacen porque forma parte de la familia; nadie cobra por eso. La mesada, por su lado, sirve para aprender a manejar dinero. A favor: el niño no crece pensando que la convivencia se cobra. En contra: no ve tan directa la relación entre dinero y esfuerzo.

Enfoque 2: una parte se gana con trabajos extra. Las tareas de todos los días siguen sin pagarse, pero los trabajos fuera de lo normal (lavar el coche, ayudar con algo grande) pueden ganar un extra. A favor: aprende que el dinero tiene que ver con el esfuerzo. En contra, si te descuidas: que empiece a preguntar “¿y cuánto me das?” por cualquier cosa.

Hay un tercer camino que casi nadie recomienda: pagar por todo. Cuando hasta tender la cama tiene precio, ayudar en casa se vuelve un negocio y el niño sólo mueve un dedo si hay dinero de por medio. Elijas el 1 o el 2, esa es la línea que conviene no cruzar.

Errores comunes con la mesada

Los que más seguido echan a perder una buena intención:

  • Usarla de premio o castigo. “Como te portaste mal, no hay mesada.” El dinero se vuelve una forma de presión y el niño lo relaciona con miedo. Para la conducta hay otras consecuencias.
  • Rescatarlo de cada error. El adelanto, reponerle lo que perdió, el “bueno, yo te lo compro”. Cada rescate le quita la lección que el error le estaba dando casi gratis. Quedarse sin dinero unos días es parte del plan.
  • Ser impredecible. Si a veces llega y a veces no, y el monto cambia según tu humor, no aprende a planear; aprende a estar al pendiente de cómo amaneciste. Es justo lo que me pasó a mí de niño.
  • Darla y olvidarte. La mesada sola no educa: necesita que platiquen. Sin eso, es fácil que crezca con las compras impulsivas como costumbre y gaste todo apenas lo recibe.
  • Pasarle tu angustia. Si cada mesada llega con un discurso de sacrificio y de que no alcanza, puede quedarse con una mentalidad de escasez difícil de quitar de adulto. Mucha gente que hoy batalla para ahorrar trae ese miedo desde su casa.

Conclusión: la cifra pesa menos de lo que crees

El monto perfecto no existe, así que no vale la pena seguirlo buscando. Una buena mesada es una cantidad que tu presupuesto aguanta y que llega puntual, con reglas claras y espacio para que tu hijo decida y se equivoque con poco dinero. Decide si la ligas o no a las tareas según lo que quieras enseñarle; lo que sí conviene es no usarla de premio ni de castigo y no rescatarlo de cada tropiezo. Puedes empezar esta misma semana con una cantidad chica y una sola regla: “es tuya, y no hay adelantos”. Lo demás se va ajustando.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto de mesada es lo correcto para un niño?

Depende de su edad, de lo que aguante el presupuesto de tu casa y de qué gastos quieres que cubra con ese dinero. Conviene que sea poco, que no te descuadre la quincena y que le deje margen para decidir y equivocarse. Lo que más le enseña es que llegue siempre igual y con reglas claras; la cifra exacta pesa menos.

¿Cada cuánto conviene dar la mesada?

A los niños chicos, cada semana: es un plazo que entienden y alcanzan a sentir. Conforme crecen puedes pasar a cada quincena o cada mes, para que practiquen estirar el dinero en periodos largos, como pasará con su sueldo. A cualquier edad, la mesada tiene que llegar el día prometido.

¿Debo pagar la mesada a cambio de las tareas de la casa?

Hay dos formas válidas de hacerlo. En una, la mesada va aparte y las tareas se hacen porque viven en la misma casa. En la otra, parte del dinero se gana con trabajos extra, para que vea la relación entre esfuerzo y dinero. Lo que casi nadie recomienda es pagar por todo, porque la convivencia se vuelve un negocio.

¿Qué hago si mi hijo se gasta toda la mesada de golpe?

Deja que se quede sin dinero hasta la próxima. Nada de adelantos ni de reponerle lo que gastó. Sí puedes sentarte con él a pensar qué haría distinto. Equivocarse con una mesada chica a los ocho años sale mucho más barato que aprenderlo de adulto con una tarjeta de crédito.

¿Está mal usar la mesada como premio o castigo por su comportamiento?

Conviene evitarlo. Si se la quitas por una travesura o se la das por portarse bien, el dinero se vuelve una forma de presión y el niño lo asocia con miedo o chantaje. Para la conducta hay otras consecuencias. La mesada enseña mejor cuando es estable y predecible, sin importar cómo estuvo el mes.

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