Calculadora para salir de deudas
Captura tus deudas y compara los métodos bola de nieve y avalancha: cuál te libera antes y cuál te ahorra más intereses.
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Un plan realista para salir de deudas: frena el uso del crédito, mide cuánto debes de verdad, elige un método de pago y negocia con tu banco antes de caer en atraso.
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Consolidar deudas es juntar varias deudas caras en un solo crédito más barato, con un único pago mensual. Suena mágico, pero solo funciona si dejas de generar deuda nueva. Aquí lo ves con números de ejemplo, la diferencia con reestructurar y cuándo conviene frente a la bola de nieve o la avalancha.
El método bola de nieve paga tus deudas de la más chica a la más grande: cada cuenta que liquidas suma su pago a la siguiente. Te explico por qué funciona y cómo aplicarlo con un ejemplo en pesos.
Refinanciar una deuda es cambiarle las condiciones: sustituirla por otra más barata o con un plazo distinto. Aquí ves en qué se parece y en qué se distingue de consolidar, cuándo conviene de verdad y las dos trampas que convierten una buena idea en una deuda más cara: alargar el plazo y las comisiones de apertura.
Negociar una deuda es sentarte con el banco o la cobranza a acordar un pago que sí puedas cumplir: una quita (te perdonan parte a cambio de liquidar) o un convenio con nuevo plazo. Aquí ves cuándo se puede negociar, cómo prepararte, qué le pasa a tu historial y cómo evitar a los despachos que cobran por lo que tú puedes hacer directo.
El método avalancha paga el mínimo de todas tus deudas y concentra el dinero extra en la que cobra la tasa más alta. Así frenas primero la deuda que crece más rápido y pagas menos intereses en total.
Guía completa · Actualizada el
Salir de deudas no depende de un golpe de suerte ni de ganar más de la noche a la mañana: es un proceso con pasos concretos. Primero dejas de cavar el hoyo, después mides exactamente cuánto debes, eliges un método para pagar, consigues oxígeno negociando lo que se pueda y te blindas para no recaer. Esta guía recorre los 5 pasos con ejemplos en pesos, y al final tienes una calculadora de deudas para convertir el plan en fechas y montos.
Estar endeudado no te hace mala persona ni mal administrador de por vida. Le pasa a gente con todos los niveles de ingreso, y tiene solución en la enorme mayoría de los casos. La culpa no paga saldos; un plan sí. Vamos a armarlo.
Te lo digo con conocimiento de causa: yo también he cargado deudas que se sentían más grandes que yo, y lo que me sacó del estancamiento no fue ganar más de un día para otro, sino dejar de improvisar los pagos. Entre quienes me escriben veo el mismo patrón: no falta voluntad, falta un método.
Quédate con el orden antes que con los detalles. Casi nadie fracasa por falta de esfuerzo: falla porque empezó por la fase equivocada. Elegir método sin inventario es adivinar; acelerar sin colchón es garantizar que la próxima urgencia se pague con deuda nueva.
| Fase | Qué haces | Cómo sabes que ya la cerraste |
|---|---|---|
| 0. Cerrar la llave | Dejas de generar deuda nueva | Pasó un mes sin que subiera ningún saldo |
| 1. Inventario | Anotas cada deuda: saldo, mínimo, costo y fecha de corte | Tienes un total y te lo crees |
| 2. Colchón mínimo | Juntas un mes de gastos esenciales | El siguiente imprevisto no toca la tarjeta |
| 3. Método | Eliges bola de nieve o avalancha | Sabes cuál es TU deuda objetivo |
| 4. Acelerar | Liberas dinero bajando gasto o subiendo ingreso | Tu pago dirigido creció y no volvió a bajar |
| 5. Renegociar | Solo si el pago no cabe: reestructura o convenio | Tienes condiciones nuevas por escrito |
| 6. Cierre | Liquidas la última y reconstruyes historial | Ese pago mensual ya tiene otro destino |
Los cinco pasos de abajo son las fases 0, 1, 3, 5 y 6, en ese orden. Las fases 2 y 4 llevan sección propia porque son justo las que más gente se salta.
La primera regla del hoyo: si estás dentro, suelta la pala.
Esta fase no cuesta dinero, cuesta media hora:
La mayoría de las personas endeudadas no sabe cuánto debe en total. Da miedo verlo, pero no puedes vencer a un enemigo sin medirlo. Haz tu inventario en una tabla como esta:
| Deuda | Saldo total | Tasa anual | Pago mínimo | ¿Al corriente? |
|---|---|---|---|---|
| Tarjeta bancaria | $18,500 | 62 % (ejemplo) | $950 | Sí |
| Tienda departamental | $6,200 | 55 % (ejemplo) | $520 | Sí |
| Préstamo personal | $32,000 | 28 % (ejemplo) | $1,350 | 1 mes atrasado |
| Total | $56,700 | $2,820 |
Los datos salen de tus estados de cuenta; la tasa anual viene ahí por ley. Anota también el CAT (Costo Anual Total) de cada deuda: incluye comisiones y seguros, y es la cifra correcta para comparar qué crédito te cuesta más de verdad — aquí te explicamos qué es el CAT y cómo usarlo al comparar.
Es la fase que más planes tumba, y se entiende: sumar el total duele. Pero sin inventario no puedes elegir método, ni negociar (el banco pregunta números concretos), ni saber si vas ganando.
Agrega dos columnas que la tabla no trae: la fecha de corte y la fecha límite de pago —son días distintos, y confundirlos genera atrasos por desorganización, no por falta de dinero— y el nombre de la institución del estado de cuenta, porque si la deuda ya está en cobranza, quien te llama puede no ser tu acreedor original.
Incluye todo, aunque incomode: tarjetas, tiendas, préstamos, el celular a plazos y lo que le debes a tu tía. Una deuda fuera de la lista reaparece en el peor momento.
Con la tabla llena, compara el total de mínimos contra lo que puedes pagar al mes. De ahí salen dos escenarios:
Antes de acelerar hay una parada obligatoria: juntar un mes de gastos esenciales. No seis, uno. Suena contradictorio —“¿ahorrar debiendo?”— y la lógica es simple: sin colchón, la primera llanta ponchada se paga con la tarjeta que acabas de congelar. Ahí no perdiste dinero, perdiste el plan.
Mientras lo juntas sigues pagando los mínimos: no es pausar, es ponerle piso. Guárdalo en otra cuenta y sin tarjeta ligada. El debate completo está en primero ahorrar o pagar deudas.
Con los mínimos cubiertos, todo el dinero extra se concentra en UNA deuda a la vez (repartirlo entre todas diluye el golpe). Hay dos formas probadas de elegir cuál:
| Bola de nieve | Avalancha | |
|---|---|---|
| Atacas primero | La deuda más pequeña | La de mayor tasa |
| Ventaja | Victorias rápidas: motivación | Pagas menos intereses en total |
| Riesgo | Puede costar más en intereses | La primera victoria tarda más |
| Para quién | Quien necesita ver avances pronto | Quien aguanta con ver los números |
El criterio de elección cabe en una frase: si has abandonado planes antes, ve por bola de nieve; si nunca los has abandonado, ve por avalancha. No es un asunto de matemáticas, es de a quién te pareces.
Las dos funcionan; la que falla es la que abandonas. Tenemos una guía a fondo de cada una — el método bola de nieve y el método avalancha — y la calculadora de deudas simula ambos con tus números reales para que veas meses e intereses de cada camino antes de decidir.
Lo que decide si tardas dos años o cinco es cuánto extra le metes cada mes. Solo hay dos llaves y conviene abrir las dos.
Baja el gasto. Es la vía rápida porque no depende de nadie más. Empieza por lo que se cobra solo —suscripciones, seguros duplicados, planes que ya no usas— antes de tocar comida y transporte, donde más duele y menos rinde. El catálogo largo está en 50 formas de reducir gastos.
Sube el ingreso. Vender lo que no usas, horas extra, algo temporal de fin de semana. La regla que hace la diferencia: ese dinero no toca tu cuenta de siempre, va a la deuda objetivo el día que entra. Un ingreso extra que aterriza entre los gastos se evapora sin dejar rastro.
Y lo que casi nadie aplica: lo que liberas se queda liberado. Si no, recortar gastos solo financia gastos nuevos.
Reducir el costo de la deuda acelera todo el plan:
Salir de deudas y recaer al año es más común de lo que parece. El blindaje tiene tres piezas:
Liquidar la última deuda es un día raro: esperas fuegos artificiales y sientes un hueco en la quincena. Ahí se toman tres decisiones:
Cuando alguien debe mucho y está cansado, aparece gente ofreciendo salidas rápidas. Ninguna de estas tres funciona:
Antes de contratar, busca a la institución en el Buró de Entidades Financieras y consulta a CONDUSEF (condusef.gob.mx). Si la oferta llegó por mensaje, con urgencia y con pago por adelantado, repasa las señales en cómo detectar un fraude financiero.
Hay un caso que las guías esquivan: que hagas todo bien y aun así no salgan los números. Si ni recortando lo recortable alcanzan tus mínimos, no es falta de disciplina: es un problema de tamaño y se atiende distinto.
Esconderse siempre sale más caro: el saldo no se congela porque dejes de contestar. Lo que sí ocurre —y los mitos que circulan— está en qué pasa si no pago una deuda. Y si hoy solo alcanzas para los mínimos, entiende por qué eso casi no mueve el saldo: el pago mínimo está diseñado justo para eso.
Las fases son las mismas para todos; lo que cambia es dónde poner el ojo.
| Tu caso | El punto crítico |
|---|---|
| Puras tarjetas | La Fase 0. Mientras la tarjeta siga a la mano, el saldo se repone solo. |
| Crédito de nómina | El pago se descuenta antes de que veas el dinero: tu presupuesto real es lo que queda después. Pregunta qué pasa con el saldo si cambias de trabajo. |
| Deuda con familiares | No cobra intereses, cobra en la relación. Ponle plazo y monto por escrito, y no la dejes al final solo porque nadie te presiona. |
| Deuda de un negocio | Separa las cuentas antes que nada. Si no sabes qué parte del saldo es del negocio y cuál es tuya, cualquier plan es humo. |
| Deuda en cobranza | Confirma quién es el acreedor actual y pide todo por escrito antes de abonar un peso. Aquí los acuerdos de palabra se pierden. |
Si tu ingreso varía, calcula los mínimos sobre tu peor mes, nunca sobre el promedio: los meses buenos van al pago dirigido, no a subir el compromiso fijo.
Desconfía de quien te dé un plazo sin ver tus números. El tiempo depende de tres variables y solo una la controlas del todo: cuánto debes, qué tan caro es tu crédito y cuánto le metes por encima de los mínimos, que es la que más mueve la aguja.
La curva se acelera sola: cada deuda liquidada libera su pago, que se suma al siguiente ataque. Los primeros meses se sienten lentísimos y los últimos van solos. Mete tus datos a la calculadora de deudas para ver tu fecha estimada.
Números inventados y evidentes, solo para ver cómo se encadenan las fases.
Marisol gana 16,000 pesos al mes. Debe 8,000 en una tienda departamental, 22,000 en una tarjeta y 30,000 en un préstamo personal. Entre los tres mínimos paga 3,100 al mes y siente que no baja nada.
Lo importante no son los montos: es que no se saltó ninguna fase, y que en el mes tres —el más aburrido— parecía que no pasaba nada.
Si al día 30 tienes esas cuatro cosas, ya vas adelante de la mayoría sin haber liquidado ni una deuda.
No necesitas resolver todo hoy: necesitas saber cuál es tu siguiente paso y darlo. Esta semana, congela el crédito (Paso 1) y llena tu tabla de inventario (Paso 2). De ahí en adelante, el plan trabaja por ti — tu único trabajo es sostenerlo. Y cuando liquides la última deuda, ese mismo pago mensual que ya dominas puede cambiar de destino y convertirse en tu primer abono para empezar a invertir.
Hay dos criterios probados: la más pequeña primero (bola de nieve, da victorias rápidas) o la de mayor tasa primero (avalancha, paga menos intereses). Cualquiera funciona si eres constante; lo importante es elegir uno y sostenerlo.
Conviene tener primero un mini fondo de emergencia de un mes de gastos esenciales. Sin ese colchón, cualquier imprevisto te regresa a la tarjeta y deshace tu avance.
Una reestructura puede reflejarse en tu historial crediticio, pero suele ser menos dañina que caer en impago total. Antes de decidir, pide a tu banco las condiciones por escrito y compara; CONDUSEF orienta gratis.
Cobran por gestiones que en general puedes hacer gratis: negociar con tu banco directamente o con apoyo de CONDUSEF. Desconfía de quien pida dinero por adelantado a cambio de 'borrar' tu historial: eso no es posible.
No te escondas: contacta a tu banco antes de caer en más atrasos y pregunta por reestructura o convenio. Entre más pronto hables, más opciones tienes y menos intereses moratorios acumulas.
No empieces eligiendo deuda: empieza cerrando la llave del crédito y armando el inventario completo (saldo, pago mínimo, costo y fecha de corte de cada una). Elegir método sin inventario es adivinar, y es la razón más común por la que un plan se cae al segundo mes.
Depende de tres cosas que solo tú conoces: cuánto debes, cuánto puedes destinar cada mes por encima de los mínimos y qué tan caro es tu crédito. Nadie honesto te da un plazo sin ver tus números; una calculadora de deudas te da una estimación con los tuyos.
Las herramientas del sitio convierten estas guías en decisiones concretas.
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